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Portada del Diccionario de Historia de España de Honorio Feito
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LECTURAS PARA PROTEGER LA MEMORIA HISTÓRICA

lunes 23 de abril de 2018, 17:54h
La desfachatez con que han intentado imponer la ley de Memoria Histórica, que en plan de chunga, muchos titulan histérica, con la consabida maldad que adorna las acciones de los torpes, ha hecho brotar, en contraposición, sacudiendo las conciencias de los españoles que no están dispuestos a tragarse el marrón, una colección de trabajos, en forma de libros, artículos y ensayos, nada desdeñable para la Historia, que contrarrestan las argucias de los malintencionados, y subrayan los aciertos de los que siempre miran al futuro con esperanza.
De hecho, cuando escribo este breve artículo, el catedrático Francisco Torres está a punto de presentar, en un escenario tan especial como es el Casino de Madrid, una de sus últimas obras Franco socialista. La Revolución silenciada del pueblo español, con prólogo de Cristóbal Martínez Bordiu. Esperado, este trabajo del profesor Torres, que vendrá a aclarar a los españoles muchos detalles de nuestra historia reciente, como anteriormente sus otros libros, y como otras que, cada vez con más protagonismo, vemos en los escaparates de estos negocios en baja que son las librerías.

Entre los éxitos editoriales de los últimos tiempos, destacan varios títulos cuya fama responde a la expectación creada por los lectores. Elvira Roca Barea, Lino Camprubí, Federico Jiménez Losantos, Pío Moa, Juan Blanco, Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, Jesús Palacios, Stanley Payne, José María Zavala, a los que añado, por mi cuenta, las revistas Razón Española y Altar Mayor o La Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera sin olvidar las publicaciones digitales La Tribuna del País Vasco, La Tribuna de Cartagena o Alerta Digital, son algunos de los autores, y de las publicaciones, que nos han refrescado la memoria más que con la intención de ensalzar la figura de Francisco Franco, con el ánimo de mantener viva la memoria de una etapa de la Historia reciente de España que está a punto de ser desertizada por los muñidores de la mentira y el atropello.

Pero conviene tener presente que, por ejemplo, la famosa manipulación de los resultados electorales en las elecciones de febrero de 1931, de la que nos han mostrado con gran alarde de investigación histórica los ya citados Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, en su libro 1936 Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, es uno de los asuntos que siempre preocupó a una parte, por desgracia pequeña, de los españoles. El escritor José María García de Tuñón, publicó un artículo magnífico en La Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera, número 229, del 7 de mayo de 2017, titulado Fraude en las elecciones de 1936, saliendo al paso de la publicación del citado libro de Álvarez Tardío y Villa García, en el que, sin restar en absoluto méritos al trabajo de los profesores, nos traía a la memoria un artículo, publicado en el diario francés Le journal de Genéve, por el expresidente Niceto Alcalá Zamora, en el que denunciaba ese fraude, que la mayoría de los españoles ignoraban.

El mismo Melchor Fernández Almagro, en su libro Historia de la República española 1931-1936, editado en Biblioteca Nueva de Madrid, en 1940, escribe sobre el dinamismo de la II República, considerando que la República no fue erigida en sistema de gobierno por aclamación de los españoles -en contra de que comúnmente se ha hecho creer- “sino en virtud de un violento forcejeo, que dio el triunfo a 22150 concejales monárquicos y a 5775 republicanos. Si la minoría prevaleció no se debió, por consiguiente, su triunfo a la pura y simple mecánica electoral, sino a su mayor arrojo, que el Gobierno ni supo ni quiso cohibir, y a la superior estimación concedida al voto de las grandes ciudades, pese a la verdadera doctrina democrática”.

Entiende Fernández Almagro que los monárquicos no defendieron en la calle su régimen, bien por desamparo que les produjo el Gobierno, bien por la persuasión general de que España estaba viviendo una profunda crisis histórica. Pero lo cierto es que la Republica quedó instaurada y, a partir de ese momento, una fuerza inesperada de propaganda se apoderó de las calles. Comunistas, socialistas y anarquistas se adueñaron del nuevo Régimen, que traicionarían, especialmente los segundos y los terceros, tras el revés sufrido en las elecciones de 1933, y que intentaron consumar, en su rebeldía, en la frustrada -otra más- revolución de 1934, que, en algunos ayuntamientos, como el de Oviedo, pretenden revivir con rutas turísticas y algunas otras celebraciones. Ni que decir tiene si hubieran ganado en aquel momento. Lo ocurrido en las elecciones de 1936 ya nos lo cuentan los profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, desgraciadamente, tan de moda ahora por la obsesión de los políticos mediocres de incrementar su currículo sin méritos que aportar.
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