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LA NORMALIDAD ALTERADA

La España oficial, que no la real, ha organizado los actos conmemorativos de los cuarenta años de lo que ella misma, y sus heraldos, llaman democracia. La celebración ha levantado polémica porque el Rey Emérito no fue invitado a los actos. La prensa oficial, no la que es políticamente incorrecta, ha salido al paso del tinglado sobre la polémica ausencia de Juan Carlos I, mientras la patata caliente sobre la no invitación al monarca emérito se la han estado pasando entre Zarzuela, el Congreso que preside Ana Pastor, y Moncloa, que al parecer, marca también algunos actos de la agenda de los reyes (una de las versiones que circulan es que lo que han intentado es evitar un abucheo por parte de los podemitas).
Según se desprende de la lectura de los principales periódicos, de los espacios de las cadenas radiofónicas y de los informativos de las televisiones de turno, para los españoles ha sido un auténtico ¡zasca! el que don Juan Carlos I no fuera invitado al evento. Y el rey en funciones, don Felipe VI, ha aludido al franquismo cuestionando su validez, o sea, se ha cuestionado a sí mismo (por una vez, coincido con Pablo Iglesias que el discurso ha sido inoportuno y fuera de lugar). Pero de eso no pensaba escribir hoy.

La fiebre del orgullo gay, que parece, y ya lo he dicho en varias ocasiones, que es el único orgullo que nos queda a los españoles, ha sido capaz de desplazar los ecos de la celebración de la venida de la democracia a España. Con el orgullo gay se acabó todo, según parece, y entre pitos y culos peludos, la exhibición callejera ha convertido a muchos españoles en espectadores de los actos organizados por el Ayuntamiento de la señora Carmena, con el beneplácito, todo hay que decirlo, de la Comunidad que dirige Cristina Cifuentes, que no le hace ascos al mariconeo.

El mariconeo da mucho de sí. Igual sirve para un roto que para un descosido. Igual para provocar al paciente madrileño que para callar alguna que otra protesta. Estos demócratas de nuevo cuño utilizan el mariconeo para distraer al personal y esconder otras vergüenzas. Achacaban al Régimen que para tapar el efecto de las manifestaciones ponían el fútbol y los toros por la tele, y evitar que el españolito de entonces tuviera la tentación de asistir a la protesta. Ahora ocurre precisamente lo contrario, se les invita a asistir a la manifestación – de gais y lesbianas- para tener la protesta controlada y dejar de lado la falta de trabajo, la mejora de los servicios públicos o la limpieza de las calles, sin ir más lejos.

El aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas, por ejemplo, cuyo nombre no parece afectado por la Ley de Memoria Histórica (Adolfo Suárez fue ministro secretario general del Movimiento), es noticia porque ha incrementado sus vuelos estos días que Madrid se ha convertido en la capital mundial del mariconeo. Sin embargo, nadie se ha ocupado de investigar la lamentable situación que padecen las personas de movilidad reducida cuando solicitan ayuda. El servicio “sin barreras”, que supuestamente atiende a personas con discapacidad, viajeros de edad avanzada a los que les cuesta un tremendo esfuerzo recorrer los largos hall del aeropuerto para acceder a las salas de embarque; personas, en fin, para las que pasar el control de seguridad es un auténtico calvario al tener que descalzarse, desabrocharse cinturones, vaciar bolsillos, depositar sus objetos personales en las bandejas que tienen que pasar el escáner, etc., cuando apenas si pueden mantenerse en pie, pues bien, el servicio sin barreras, apenas cubre la demanda diaria, y algunos solicitantes se ven obligados a esperar hasta el límite por esa silla de ruedas que les lleve a su avión.

El mariconeo ha conseguido también restar fuerza temporalmente al desafío separatista de Puigdemont, a las críticas del ex ministro García Margallo contra su ex jefe, el presidente Rajoy, a quien ha tachado de blandengue en esta cuestión (que ha recibido los reproches con la acostumbrada indiferencia), y hasta acallar las amenazas de Cristiano Ronaldo sobre su deseo de irse de España, por sus supuestas deudas con la Hacienda que representa el señor Montoro.

Cuando pase la fiebre del World Pride, volveremos a los rescoldos del enfado del Rey Emérito, a las inquietudes separatistas del independentismo catalán y a los desajustes mentales de algunos intelectuales para los que el día a día, lo cotidiano, carece de interés y buscan, a través de los titulares de la prensa oficial, un rasgo de originalidad sin argumentos convincentes sobre las cuestiones que nos afectan a todos. Los privilegiados disfrutarán la paga extra de junio (ésta, como la de Navidad, tampoco está sujeta a la Ley de Memoria Histórica, aunque ambas son vestigios del franquismo), y algunos, los menos, advertirán que estamos de rebajas.
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