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¿DÓNDE ESTA LA OPOSICIÓN?

El último escándalo, hasta el momento, sobre la corrupción en España, que llevó al ex presidente de la Comunidad de Madrid, el popular Ignacio González, a prisión, ha vuelto a provocar un estado de depresión en la voluntad de los españoles. Digo el último escándalo hasta el momento porque estoy seguro que este ovillo no termina, por desgracia, con el feo asunto de González y su cuadrilla, familiares, testaferros y altos directivos de las empresas afectadas, o citadas, en el auto del juez Eloy Velasco, el Canal de Isabel II y la Agencia Informática y Comunicaciones de la Comunidad de Madrid. Creo que la mayoría de los españoles saben que este turbio asunto, llamado Operación Lezo, pasará a un segundo plano, como los anteriores, ante el hallazgo de otro nuevo asunto de corrupción política más. Y en eso andamos desde hace unas décadas.


Nos engañan. Pero no sólo nos engañan los que aprovechan su cargo para abastecer sus cuentas y su patrimonio con comisiones y prebendas que obtienen gracias a ejercer cargos que les permiten mangonear el dinero público. Nos engaña la comparsa que les rodea, los afines a su partido que saben y miran a otro lado, que son tan culpables como los chorizos que se lo llevan, y nos engañan también los que militando en los demás partidos que deberían formar el arco opositor, no se enteran o no se quieren enterar tal vez pensando que cuando les toque a ellos, porque esto va por barrios, la oposición del momento hará lo propio.

Leyendo el extracto que publica la prensa, se supone que lo más importante, del auto del juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, a mí me cuesta mucho entender que Ignacio González jugara con el patrimonio de una empresa tan importante, como es el Canal de Isabel II, que abastece de agua potable a la ciudad de Madrid desde su construcción, allá a mediados del Siglo XIX, siendo ministro don Juan Bravo Murillo.

Y me cuesta mucho entender, digo, que ante el manejo de semejante patrimonio, y los chanchullitos que minuciosamente explica el auto del juez, la oposición no se entere… Y, como no soy político, y como el dinero público me parece una cosa muy seria, me pregunto: ¿Es que no hay transparencia cuando se trata de disponer cualquier acción que afecte al patrimonio de una Comunidad Autónoma o del Estado? ¿No se convocan concursos públicos de adjudicaciones?¿No se forman comisiones en las que estén presentes tanto los que están en el poder como los que están en la oposición, para hacer un seguimiento de cada euro que se invierte? ¿Es que nadie pide explicaciones en los plenos? Y, por parte del Estado, ¿no hay instituciones capaces de analizar en paralelo la actividad de los políticos?

La comparsa, por lo visto, consiste en obtener un escaño, o un puesto destacado y recibir la nómina correspondiente al cargo y disfrutar, al menos, de las prebendas del mismo… smartphones, tabletas, entradas para el fútbol y los toros –al que le guste- invitaciones y lugares de preferencia en los espectáculos públicos y sabe Dios cuántas más… Pero trabajar, lo que es trabajar, nada de nada. A los de la oposición sólo les basta con intervenir con mayor o menor acierto, esto es, estar un poco inspirados a ver si dejan boquiabierto al adversario y ahí parece ser que termina su compromiso. Lamentablemente, presumen de una capacidad dialéctica que no tienen y de una capacidad que no está al alcance de todos ellos.

Pero la ceguera en la que estamos viviendo es el mayor obstáculo para resolver el problema. El editorialista de El Mundo, en su artículo del domingo 23 de abril, titulado La corrupción pone en peligro la estabilidad de la Democracia, es un fiel ejemplo de ello. Según podemos interpretar, el peligro no es que se lleven el dinero de todos, sino que la Democracia se desestabilice… Ya estamos acostumbrados a este baremo de calidad que los políticos, periodistas y algunos otros paniaguados establecen con la democracia como referencia. En lo que llevamos de Transición, si es que todavía estamos en esta fase, se han dado más casos de corrupción que durante los famosos cuarenta años de franquismo ¿echamos mano de las hemerotecas o acudimos a fuentes más seguras, como los archivos del Ministerio de Justicia?

La palabra democracia es un sello de calidad, en este ridículo sistema partitocrático y los mecanismos jurídicos de control son incapaces de reducir los casos de corrupción porque el tejido legalista es confuso, lento, parco y benévolo con los culpables…Lo único que prevalece es el deterioro personal de los implicados que, como el tiempo todo lo cura, terminará por reestablecerse no por olvido, que en parte también, sino porque dentro de poco son mayoría.
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